Navaja de Ockham

Resumen
Principio de parsimonia asociado a Guillermo de Ockham: una explicación no debe introducir entidades o supuestos innecesarios. Es una regla metodológica, no una garantía de que la teoría más simple sea siempre verdadera.
Definición del concepto
La navaja de Ockham es un principio de economía ontológica y explicativa según el cual no deben postularse más entidades, causas o supuestos de los necesarios para explicar adecuadamente un fenómeno o resolver un problema. Se asocia a Guillermo de Ockham, aunque la formulación popular «no multiplicar los entes más allá de lo necesario» no es una cita literal de sus escritos.
Interpretación filosófica
En Ockham, la parsimonia actúa como cautela frente a compromisos metafísicos innecesarios. No obliga a elegir automáticamente la teoría con menos palabras ni afirma que la realidad sea simple. Su fuerza depende de que una explicación alternativa pueda dar cuenta de lo mismo sin entidades adicionales y sin sacrificar evidencia o argumentos relevantes. La Stanford Encyclopedia of Philosophy subraya que Ockham acepta como razones legítimas para introducir compromisos aquello que viene exigido por el razonamiento, la experiencia y, dentro de su marco medieval, la autoridad de la Escritura. La navaja se relaciona así con su nominalismo y con su reducción de ciertas categorías y entidades teóricas.
Origen del concepto
El principio se asocia a Guillermo de Ockham, filósofo franciscano del siglo XIV, aunque la denominación «navaja de Ockham» y su lema más famoso son posteriores. Ockham formuló diversas máximas de economía en contextos lógicos, epistemológicos y metafísicos. La idea de parsimonia, además, no era exclusiva suya: otros autores medievales aceptaban que no debían multiplicarse explicaciones o entidades sin necesidad.
Evolución histórica
Tras la Edad Media, la navaja de Ockham se convirtió en un emblema de la preferencia por explicaciones parsimoniosas. En la filosofía moderna y contemporánea se ha aplicado a la elección entre teorías, a la ontología y a la metodología científica. Su uso actual suele adoptar la forma de una heurística: entre hipótesis igualmente adecuadas a la evidencia, se favorece la que requiere menos supuestos o complejidad adicional. Sin embargo, la simplicidad puede definirse de distintas maneras y no sustituye a la contrastación empírica ni a la fuerza explicativa.